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Etnohistoria

Los chiquitanos eran uno de los pocos pueblos indígenas que habitaban el actual Departamento de Santa Cruz. Los cruceños de Santa Cruz de la Sierra la Vieja, fundada en 1561, esclavizaron a muchos de ellos. Con el traslado de la ciudad, los chiquitanos recuperaron su libertad. Amenazados por epidemias e incursiones de los bandeirantes, cazadores de esclavos procedentes de los dominios portugueses, aceptaron el tutelaje de los jesuitas, que a partir de 1691 fundaron 10 reducciones entre ellos. Los jesuitas reunieron en las reducciones grupos con lenguas y culturas muy diversas. La introducción del chiquitano como lengua general y la convivencia bajo condiciones similares hizo desaparecer las diferencias, y de estos pueblos diferentes se formó u uniformó la actual cultura chiquitana. Con la expulsión de los jesuitas, la próspera economía de estas reducciones empezó a declinar; en los años 40 del siglo XIX se disolvió el sistema reduccional. Los cruceños de apoderaron de los pueblos y de los campos naturales y sujetaron a los chiquitanos a status de peones y esclavos. La memoria histórica chiquitana recuerda especialmente el tiempo del auge de la goma como nefasta y de condiciones de vida indignas. Muchos chiquitanos huyeron de los patrones y formaron en Lomerío una región libre e independiente. En la mayoría de las regiones la formación de comunidades independientes comienza recién a partir de los años 60 con la Reforma Agraria. Todas las comunidades vuelven comunales las parcelas que les otorga la Reforma Agraria; la ultima ha sido la comunidad de Guadalupe en 1997.

Economía

El componente cazador, recolector y pescador ha sido fuerte entre los chiquitanos prehispánicos. La convivencia con agricultores netos en las reducciones jesuíticas así como posteriormente su contacto con los cruceños los ha convertido en expertos agricultores. Por otra parte, tienen una larga tradición como obreros y artesanos, ya sea en los talleres de las reducciones jesuíticas, en los gomales, las moliendas azucareras, la construcción del ferrocarril Santa Cruz-Corumbá o últimamente en la restauración de las antiguas iglesias jesuíticas. Estas dos tendencias prevalecen en la economía actual. Muchos comunarios se basan en la agropecuaria como base de sustento y sólo venden parcialmente su fuerza de trabajo para generar un ingreso extra. Actualmente hay una tendencia a la migración hacia los centros urbanos. Algunas comunidades han introducido procesos económicos semiindustriales, como la producción de café y su procesamiento en Velasco o la producción de queso en la zona de San Javier.

Organización social y política

No existía ni existe una organización social que aglutine a todo el pueblo chiquitano. Los jesuitas introdujeron el cabildo como organización indígena en las reducciones. En varias comunidades de las provincias Velasco y Chiquitos todavía existe, está considerado como una organización originaria y mantiene todo el vigor como institución religiosa. En otros lugares sólo ocupa funciones religiosas, mientras en las regiones de Concepción, Lomerío y San Javier no existe ni en la memoria histórica colectiva debido al hecho que todos los chiquitanos eran esclavizados y no existían comunidades independientes. En las antiguas reducciones jesuíticas existen cabildos que representan a las comunidades relacionadas con su centro, especialmente en asuntos que atañen al templo. Las comunidades se organizan también alrededor de familias relacionadas por parentesco, donde las familias fundadoras de la comunidad tienen mayor prestigio y acceso a los cargos.

La principal unidad económica es la familia extensa, que habita una casa alargada y está compuesta de la familia de los padres y de las hijas casadas. Cada familia nuclear trabaja su chacra, pero se mantiene una olla común. La Iglesia, el Estado, los partidos políticos, los proyectos de desarrollo y las organizaciones indígenas han formado organizaciones propias mediante las cuales tratan de influir sobre los comunarios. Allí donde todas estas organizaciones no están sujetas a un cabildo fuerte, causan problemas y divisiones en el seno de la comunidad. Muchas de estas organizaciones actúan como agentes de modernización que pretenden aculturizar, no reformar la cultura tradicional chiquitana.

Cosmovisión

El largo dominio jesuítico ha generado una nueva cosmovisión, resultado de las diferentes manifestaciones religiosas de los pueblos que convivían en un mismo lugar y de la oferta de los jesuitas, es decir, el catolicismo del siglo XVIII. La tradición católica se manifiesta especialmente en las grandes fiestas como la Semana Santa y las fiestas patronales. Indispensables en el catolicismo con las formas, pero la interpretación corresponde a un pensamiento indígena. Los nishi (jichis), amos de las esferas naturales vigilan para que el hombre no abuse de los recursos naturales y que sólo tome lo que necesita. De estos jichis, el del agua es el más importante. El sincretismo religioso se manifiesta también en el hecho que los centros de poder cristiano -es decir, los templos- son también sedes de los jichis principales.

Aunque niegan su presencia frente a la sociedad nacional, los chamanes tienen importancia entre los chiquitanos. Estos no sólo saben curar, sino que también manejan la magia negra. Cuando se enferman, recurren primero a la medicina natural, de la que son grandes conocedores, o a los chamanes, y por último a la medicina occidental.

Situación actual

Los chiquitanos viven dispersos en alrededor de 325 comunidades en las provincias Ñuflo de Chávez, Velasco, Chiquitos, Angel Sandoval y Germán Busch. Una buena parte reside temporal o definitivamente en barrios de núcleos urbanos rurales o en Santa Cruz de la Sierra. El crecimiento demográfico es considerable, aunque las comunidades pierden constantemente comunarios por la migración hacia los centros urbanos.

La base del sustento es la agricultura. La mala calidad de los suelos exige el cambio de las chacras cada tres o cuatro años. Los productos principales son el maíz y el arroz, además yuca, frijol, camote y joco, entre otros. La cría de animales aporta al consumo familiar, pero funciona igualmente como un seguro para necesidades urgentes por su fácil comercialización.

La educación tiene mucho aprecio entre este grupo. En las comunidades sólo tienen la educación básica, lo que origina la masiva migración a los centros urbanos en busca de una continuidad educativa. Muchos de estos jóvenes se acostumbran en los centros urbanos a una vida alienada de las comunidades. En muchas comunidades se está perdiendo el uso de la lengua chiquitana.

Muchas comunidades crecen desmesuradamente y la relación familia/tierra disponible pone en desequilibrio la relación hombre/medio ambiente. Este desequilibrio lleva a miembros de la comunidad a cambios culturales y sociales y a una aculturación forzada por la necesidad de sobrevivir. Aumenta la dependencia de ingresos monetarios, la pérdida de la visión ecológica seguida por la depredación de los suelos y del monte y de sus habitantes. Tradicionalmente en estas situaciones algunas familias se desmembraban de la comunidad para fundar una nueva en tierras baldías. Dar paso a las demandas territoriales puede abrir esos espacios, pero se trata de una lucha muy difícil y desigual.

Debido a la historia nefasta que sufrieron los chiquitanos en su relación con los cruceños, su identidad cultural se presenta débil frente a los no-indígenas. Las nuevas organizaciones indígenas aportan para que este grupo gane autorespeto y autoconfianza.

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