El Cura Don José Rafael de Salvatierra y Chaves (*).

 

Una de las figuras más salientes en los últimos años de la colonia y primeros de la República, ha sido, sin duda alguna, la del bravo y aguerrido cura de Vallegrande don José Rafael de Salvatierra y Chaves.

 

La historia de Santa Cruz de la Sierra reserva al investigador una de esas sorpresas difíciles de explicar. En el nombrado sacerdote podemos identificar a uno de aquellos criollos que, educado en los severos cánones de la instrucción colonial, formó sus disciplinas intelectuales bajo el anillo de hierro del dogma y del servicio al Monarca absoluto.

 

No así el doctor José Andrés Salvatierra, hermano del anterior, quien apenas iniciada la gesta emancipadora, supo superar dolorosamente su fe y su adhesión al realismo de sus mayores, por una religión y una doctrina más altas y más libres. Ambos hijos de Santa Cruz, tuvieron carrera y destinos muy distintos; pero en ellos siempre primó el culto a la sinceridad y a la honradez de convicciones.

 

El hogar austero y distinguido del Coronel Alejandro Salvatierra y de doña Josefa Chaves, vecinos distinguidos de San Lorenzo de la Barranca, fue la escuela donde los hermanos Salvatierra y Chaves recibieron las primeras enseñanzas. Al Coronel Salvatierra le tocó combatir contra los bárbaros chiriguanos en 1779, por orden del Gobernador D. Tomás de Leso y Pacheco; las feroces tribus de Saipurú y Abapó, supieron del legendario empuje del bravo capitán cruceño (1). Desde aquella época de sumisión de los indios alzados, pudo la ciudad gozar de la tranquilidad y del descanso. Salvatierra había incorporado a Santa Cruz tierras de la exclusiva jurisdicción de la heredad nativa, llegando la colonización de los hijos de Nufrio de Chaves hasta las márgenes del río Paraguay. Todas estas expediciones guerreras hechas por los criollos, fueron costeadas por el propio peculio de sus organizadores, sin merecer jamás recompensa alguna del Consejo de Indias. Ya antes, los vecinos de Santa Cruz, encabezados por el Coronel Salvatierra, habían enviado donativos al Monarca para sostener la guerra contra los franceses.

 

En este ambiente austero crecieron y se instruyeron D. José Rafael y D. José Andrés Salvatierra. La educación fue igual para ambos; toda la que lograron obtener en el Seminario de aquel entonces. Pero sus sentimientos eran más que distintos, abiertamente contradictorios. Con todo, cada uno de ellos supo seguir en la contienda épica sus ideales con todo el vigor de un convencido, poniendo en cada acción un siempre renovado brío que hace de ellos dos figuras de robusta mentalidad.

 

Por ahora, en este artículo destinado a celebrar la fecha clásica del primer grito de independencia dado por Santa Cruz, nos limitaremos a la actuación de D. José Rafael de Salvatierra y Chaves.

 

Nacido el 4 de marzo de 1778, hizo estudios con habitual acierto y notorio aprovechamiento en el Colegio Seminario Conciliar de La Plata, hasta alcanzar el grado de Doctor en Sagrada Teología, allá por 1800, según un certificado expedido por el célebre Canónigo Matías Terrazas (2).

 

Al regresar a Santa Cruz fue requerido para ocupar la cátedra de Filosofía Moral y Escolástica del Seminario; después fue Cura doctrinero de San Pedro, capital entonces de la Provincia de Moxos y Vicario Foráneo de su distrito.

 

Restituído de nuevo a la capital, hizo oposición a la silla Penitenciaria, habiéndosele conferido después el Curato de aquella Catedral con los empleos extraordinarios de Promotor Fiscal y Examinador Sinodal.

 

Después viene la guerra cruenta y Santa Cruz inicia la lucha emancipadora el 24 de septiembre de 1810. El cura Salvatierra logra profugar ante la actitud agresiva de los revolucionarios.

 

En defensa de la causa realista empleó diversos medios «sagacísimos y políticos, para separar al rebelde Suárez, Comandante de las tropas tumultuarias, embarazándole el proyecto sanguinario que tenía ya tramado para degollar a todos los europeos, que siendo los más de ellos avecindados y casados en aquella ciudad, puede decirse que salvó a toda ella de una desgracia que hubiera sido la más triste y memorable» (3).

 

Cuando Goyeneche ocupó Cochabamba con sus divisiones, los Cabildos Secular y Eclesiástico se reunieron en octubre de 1811 y resolvieron enviar a un representante de la ciudad de Santa Cruz, para que de viva voz exprese al árbitro de los destinos del Alto Perú, la fidelidad que siempre había guardado la ciudad cabecera de la Provincia en el alzamiento de 1780, mérito especial por el cual el Rey, mediante Cédula fechada en San Ildefonso el 16 de julio de 1784, ordenó se tenga presente este Servicio, si en adelante ocurriese aquella ciudad con alguna pretensión (4). Para esta comisión fue designado el cura Salvatierra, como personaje sobresaliente en las nutridas filas del realismo cruceño.

 

Como uno de los blasones que orgullosamente ostenta la ciudad nativa, insertaremos dos Cédulas Reales que dicen muy alto del señorío de la ciudad de Chaves:

 

«EL REY.- Presidente y oidores de mi Real Audiencia de la Plata en la Provincia de Charcas. En carta de 15 de diciembre de 1783, participáis con testimonio la lealtad y servicios de la ciudad de San Lorenzo de la Barranca, los auxilios de los soldados, armas y pertrechos con que acudió en los próximos pasados alborotos para la tranquilidad de esas Provincias. Y visto en el Consejo de las Indias, con lo que dijo mi Fiscal, he resuelto se tenga presente cuando ocurra la referida ciudad con alguna pretensión fundada en estos méritos, y que la aseguréis el particular agrado que me ha merecido sus servicios, celo y constancia, no dudando que en lo sucesivo pactara igual apreciable conducta. Fecha en San Ildefonso a 26 de julio de 1784. YO EL REY. Por mandato del Rey Nuestro Señor.- Don Miguel de San Martín Cueto.- Es copia de la Cédula que se halla registrada en el Libro de Oficio de esta Secretaria del Perú, Nro. 56, folio 50.- Madrid, 11 de abril de 1788.- Una rúbrica».

 

«EL REY.- GOBERNADOR INTENDENTE DE MI REAL HACIENDA DE LAS PROVINCIAS DE BUENOS AIRES.- Por parte de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, se ha presentado memorial con una representación y documentos que acompaña, haciendo presente los privilegios que goza desde su fundación, y, entre ellos la franquicia del pago del Alcabalas y exención del pago de papel sellado. Que en atención a sus servicios y señaladamente al que ejecutó con motivo de los últimos alborotos de los indios, me digné manifestarle mi Real agrado en Cédula de 26 de julio de 1784, mandando se tuvieran presentes cuando ocurriese con alguna pretensión fundada en ellos. Y que hallándose ahora reconvenida por la Junta Superior de mi Real Hacienda de esa ciudad de Buenos Aires para que remita dichos privilegios, recela se tome por ella alguna providencia contra su goce; por lo que suplica sea servido concederla mi Real confirmación de ellos, y en caso de estimarse necesaria alguna instrucción a este fin, mande desde luego a la referida Junta suspenda sus procedimientos hasta tanto que con vista de los documentos que ha presentado y de las noticias que se tengan por conveniente pedir resuelva lo que fuera de mi Real agrado. Y habiéndose visto en mi Consejo de las Indias cor lo informado por su Contaduría General y expuesto por mi Fiscal, he resuelto remitiros la mencionada representación y documentos que acompaña, para que en la expresada Junta se trate este importante negocio con la circunspección que exige su naturaleza y circunstancias a fin de que instruyéndolos, según corresponde, y oyendo al Fiscal, instructivamente a la referida ciudad de Santa Cruz de la Sierra, me informe por medio de vos como su Presidente con justificación, y toda la brevedad posible, lo que se le ofreciese y pareciere sobre todos y cada uno de los particulares que se controvertieren; y para que pueda hacerlo con conocimiento de todo lo que conduzca al acierto, he resuelto así mismo remitiros la adjunta copia rubricada de mi infrascrito Secretario de la citada Real Cédula de 26 de julio de 1784; previniéndoos que en el entretanto que con vista de lo que la enunciada Junta informase me digne tomar la resolución conveniente, no inovéis como os lo mando cosa alguna en el goce y posesión de los privilegios alegados por la misma ciudad y que dispongáis no se pierda tiempo en la sustanciación y determinación de este negocio, ni en dar cuenta a dicho mi Consejo de sus resultas.- Aranjuez a ti de abril de 1788.- YO EL REY.- Por mandato del Rey Nuestro Señor.- Manuel de Néstares».

 

El cura Salvatierra como Diputado por Santa Cruz ante Goyeneche, fue portador de los documentos arriba trascritos, con más las súplicas de ambos Cabildos, para mejorar la suerte del pueblo cruceño, completamente desfavorecido por el traslado del gobierno a Cochabamba, al dar ejecución a la nueva Ordenanza de Intendentes.

 

El Ayuntamiento cruceño, con fecha 17 de octubre de 1811, exponía al jefe realista las ventajas que resultaría de la erección de un nuevo Gobierno en Santa Cruz, independiente del de Cochabamba. Agregaba que resultaría muchas ventajas tanto al Estado como a la religión; los habitantes y pueblos de su distrito, así como a la Provincias de Moxos y Chiquitos. Añadía que la dependencia de Santa Cruz de Cochabamba, ciudad sublevada contra la dominación real, había sido la causa de que el pueblo cruceño no haya podido libertarse de las fuerzas patriotas. A renglón seguido expresaba: «Nuestros padres subieron de la capital del Paraguay por el gran río de este nombre solo con el objeto de reunir aquellas conquistas con las del Perú, y sus mutuos intereses, y esto lo vemos malogrado por la división del gobierno que redujeron Chiquitos del Gobierno de esta ciudad, que cuando pudo recobrarlo por el extraña-miento de los Jesuitas, se le privó a su conocimiento sujetándolo al Gobierno de la Real Audiencia de Charcas, sucediendo lo mismo con el de las Provincias de Moxos. Tal vez no hay distrito del Reino a quien más cuestan las producciones del Paraguay que a los cruceños que son parte de sus conquistadores, y es innegable que de cuantos medios se discurran para el adelantamiento de esta ciudad, ninguno puede serle más útil, ni más seguro para el Estado, que el de la Provincia del Paraguay pues hoy logra la yerba y otros frutos de la misma, por el dilatado rodeo de mil doscientas leguas por Buenos Aires, cuando con menos de trescientas pudiera obtener dicho comercio con la equidad que corresponde al ahorro de novecientas leguas de conducción, etc.».

 

En viejos papeles que se conservan en el Archivo de Indias, de Sevilla, encontré años cha, cuando el desempeño de una misión diplomática me llevó a España, la resolución del General Goyeneche en 1814, creando la nueva Provincia de Santa Cruz de la Sierra, con gobierno independiente de Cochabamba. Esta fue la Provincia que, junto con las demás del Alto Perú, concurrió en 1825 a formar la nacionalidad boliviana.

 

Mientras tanto, el Cura Salvatierra y Chaves, permaneció fiel y leal vasallo de Su Majestad Fernando VII. Fue debido a estas cualidades y méritos que Goyeneche se rindió ante las reclamaciones del Cabildo cruceño, creando así una nueva circunscripción territorial dentro del acervo colonial. Logró restablecer el antiguo rango de la ciudad nativa. Por ello merece el homenaje de las generaciones cruceñas.

 

Y ahora ¿qué fue del Cura Salvatierra?.... Una vez constituída la República, aparentó acatar el nuevo orden de cosas; pero su indomable odio a las fuerzas patriotas, hizo que anduviera en ajetreos y trajines revolucionarios. Allá por 1827, se le acusó de una tentativa de sedición en la pequeña guarnición de Vallegrande (5). Sometido el proceso a conocimiento del Mariscal de Ayacucho, presentó ante éste varios memoriales en que el cura Salvatierra hacía profesión de fe republicana. Decía que no podía ser infidente a la causa de la Patria un cura que hacía dos años (1825) en circunstancias graves, contuvo la insurrección de las tropas, proclamó la independencia y salvó la vida de los oficiales, que después sirvieron gloriosamente a la República. Y se preguntaba amargado: «¿Si entonces supe apagar el fuego de la discordia, cuando era el incendio tan terrible, hoy que palpito las ventajas de un gobierno liberal, habría procurado destruir el orden y fomentar sediciones, sin plan, sin apoyo y sin combinación alguna?». Y concluye: que pocos días antes de ser procesado, instó y consiguió del Gobernador de Vallegrande que, con escolta doble, remita al pueblo de Samaipata los ocho mil pesos que estaban detenidos en Vallegrande para auxilios de la tropa de Santa Cruz «y esto no dice consonancia con proyectos de conspiración» (6).

 

Nada hemos podido obtener sobre los últimos días de este infatigable realista, después fiel republicano.

 

Con todos sus errores y todos sus defectos, este venerable sacerdote es una de las figuras sobresalientes del clero cruceño, y sin temor a incurrir en irreverencia, podemos rendirle culto, junto al de su hermano, el virtuoso Arzobispo de la Plata Monseñor José Andrés Salvatierra, que al decir de Gabriel René-Moreno, cuando murió en Sucre el ilustre mitrado y filántropo, su ataúd fue llevado en hombros por lo más distinguido y respetable de la sociedad.

 

Vaya este homenaje cariñoso a la tierra querida y al pueblo de mis afecciones, y parodiando al insigne poeta Lira y Girón, diremos:

 

Por el alma del Capitán

Don Nufrio de Chaves van

nuestras preces y nuestros ramos.

Y aunque ya glorioso, digamos:

Dios tenga en gloria al Capitán.

Así sea.

 

La Paz, 24 de septiembre de 1941.

 

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(*)

La Razón, 1941, sep. 24.

(1)

A G I., Audiencia de Lima, 742.

(2)

Ibidem.

(3)

Ultimos Días Coloniales en el Alto Perú, Santiago, 1896.

(4)

Ibidem.

(5)

A G I., Lima, 742.

(6)

Ibidem.